viernes, 14 de diciembre de 2012

"Alaska ataca a Kamchatka..."


Sólo eso faltaría. En el tablero de las relaciones internacionales, todo parece cada vez más jugado. Una potencia emergente preocupa al clásico poder hegemónico tanto en la economía como en el ámbito político y las fichas que se mueven por toda Asia no dan un segundo de tranquilidad.





Dos noticias deberían importarle a todo el mundo por sobre todas las otras: la reelección de  Barack Obama como presidente de los Estados Unidos y la elección del dirigente Xi Jinping  para suceder en marzo del 2013 al máximo cargo ejecutivo del gobierno de la República Popular China. Cuando la presidenta argentina, Cristina Fernández, afirmó que el 8 de noviembre algo “muy importante” había ocurrido, no se equivocó: con ironía y absoluta razón, insinúo que “El Congreso del Partido Comunista Chino” fue el único evento que valía la pena destacar, y no la movilización masiva en contra de su gestión que padeció aquel día. 
La Directora del Instituto de Cooperación Internacional de la ACEP (Asociación Civil de Estudios Populares), Ana María Chiani, Licenciada en Relaciones Internacionales, explica que “el gigante asiático es la segunda potencia económica mundial y está en ascenso. Es el que impone la agenda en su región y su voz tiene cada vez más peso en las organizaciones multilaterales. El politólogo húngaro George Friedman la describe como el único estado que podría cuestionar la hegemonía norteamericana y organizaciones internacionales consideran que será la más importante del mundo hacia el 2030”.

El volumen productivo es el motor de China. “Acrecienta su poderío en materia energética, pero los desafíos que le esperan a Jinping son trasladar su capacidad económica al ámbito militar y lograr una mayor apertura política, para convertirse en líder regional según el sentido tradicional”, opina la especialista. Chiani cree que para cumplir ese objetivo también necesitará “terminar con las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, consolidar su mercado interno, mejorar la calidad de la mano de obra y darle valor agregado a sus exportaciones”.

Ya superó a las potencias europeas y desplazó a su competidor inmediato y rival directo en la zona, Japón, en la carrera por la hegemonía económica. Aspira al nivel de Estados Unidos, y para tomar este rumbo necesitó aliarse de Rusia y el régimen totalitario de Corea del Norte, clásicos opositores de Norteamérica. “China apoya y protege a Norcorea para evitar las intromisiones estadounidenses en la región”, interpreta la Licenciada, “es un país de escaso desarrollo, pero se estima que tiene armas atómicas”.

Rusia, por su parte, tendría las condiciones para volver a ser potencia. “Mientras en el comercio internacional sigan primando las commodities energéticas, no tendrá problemas en recrear una nueva-guerra fría”, asegura Chiani. En junio, el presidente ruso Vladimir Putin se reunió con su par chino, Hu Jintao, para intensificar una relación bilateral que contrarresta la influencia de Estados Unidos. En septiembre repitieron el gesto y acordaron rechazar las políticas que los occidentales proponen para Siria y sus conflictos civiles.

Con otros fundamentos, Irán también busca aliados. “Las divisiones internas y el aislamiento internacional del gobierno de Mammud Ahmadinejad, empujaron a Irán a buscar alianzas con las potencias de la región. Rusia y China necesitan de Irán para contener el expansionismo norteamericano en Medio Oriente, y el país islámico necesita de ellos para romper su confinamiento”, observa la analista internacional. “En un futuro, la reconfiguración mundial podría definirse de esta forma, con una carrera armamentística en dos frentes”.

Para la especialista, la negativa oriental a la presencia de Estados Unidos y sus aliados en aquel costado del mundo, supera el plano de la economía. La cuestión de Afganistán les sirve de ejemplo. “Los supuestos objetivos de la intervención, la lucha contra el terrorismo y en paralelo la construcción de un estado democrático, nunca coincidieron y tampoco se lograron. Luego de miles y miles de muertes, el balance de la incursión y la ocupación que se mantiene en ese territorio desde el 2001 es nefasto y predecible”.

Los países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) apresuran su retirada de Asia Central. Obama prometió sacar a todos sus soldados de Afganistán en forma progresiva hacia el 2014, aunque la extrema derecha no lo comparta. En cambio, en una de sus primeras decisiones como presidente de Francia, Francois Hollande aseguró que retiraría sus tropas antes del 2013. Esta diferencia hizo ruido en la Casa Blanca, ya que evidenció que Europa está mucho más pendiente de sus problemas que de apuntalar la decadente política exterior norteamericana. En este sentido, la experta opina que “las condiciones para que Afganistán consiga un ejército local capaz de defender un gobierno propio y continuar la lucha contra los talibanes, como pretende Washington, no están dadas”.

Mientras tanto, el universo musulmán vive un momento de transición. Al reclamo palestino en Israel, se suman las revueltas en Siria, Irán, Túnez, Bahréin, Libia y Egipto. El declive de estos últimos desestabilizó por completo a la región y favoreció a que Turquía, aliado estratégico de Estados Unidos desde 1947, le dispute el liderazgo a Irán. Según Ana María Chiani, “el futuro de Medio Oriente es muy incierto, porque allí confluyen los intereses geoeconómicos y geopolíticos de las grandes potencias. Sigue siendo la región más explosiva del mundo”.

ESTE ES UN TRABAJO REALIZADO PARA LA REVISTA "OSVALDO"
TEA 2012

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