Sólo eso
faltaría. En el tablero de las relaciones internacionales, todo parece cada vez
más jugado. Una potencia emergente preocupa al clásico poder hegemónico tanto
en la economía como en el ámbito político y las fichas que se mueven por toda
Asia no dan un segundo de tranquilidad.
Dos noticias deberían importarle a todo el mundo por sobre todas las otras: la reelección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos y la elección del dirigente Xi Jinping para suceder en marzo del 2013 al máximo cargo ejecutivo del gobierno de la República Popular China. Cuando la presidenta argentina, Cristina Fernández, afirmó que el 8 de noviembre algo “muy importante” había ocurrido, no se equivocó: con ironía y absoluta razón, insinúo que “El Congreso del Partido Comunista Chino” fue el único evento que valía la pena destacar, y no la movilización masiva en contra de su gestión que padeció aquel día.
La Directora
del Instituto de Cooperación Internacional de la ACEP (Asociación Civil de
Estudios Populares), Ana María Chiani, Licenciada en Relaciones
Internacionales, explica que “el gigante asiático es la segunda potencia
económica mundial y está en ascenso. Es el que impone la agenda en su región y
su voz tiene cada vez más peso en las organizaciones multilaterales. El
politólogo húngaro George Friedman la describe como el único estado que podría
cuestionar la hegemonía norteamericana y organizaciones internacionales
consideran que será la más importante del mundo hacia el 2030”.
El volumen productivo es el motor
de China. “Acrecienta su poderío en materia energética, pero los desafíos que
le esperan a Jinping son trasladar su capacidad económica al ámbito militar y
lograr una mayor apertura política, para convertirse en líder regional según el
sentido tradicional”, opina la especialista. Chiani cree que para cumplir ese
objetivo también necesitará “terminar con las violaciones sistemáticas a los
derechos humanos, consolidar su mercado interno, mejorar la calidad de la mano
de obra y darle valor agregado a sus exportaciones”.
Ya superó a las potencias
europeas y desplazó a su competidor inmediato y rival directo en la zona,
Japón, en la carrera por la hegemonía económica. Aspira al nivel de Estados
Unidos, y para tomar este rumbo necesitó aliarse de Rusia y el régimen
totalitario de Corea del Norte, clásicos opositores de Norteamérica. “China
apoya y protege a Norcorea para evitar las intromisiones estadounidenses en la
región”, interpreta la Licenciada, “es un país de escaso desarrollo, pero se
estima que tiene armas atómicas”.
Rusia, por su parte, tendría las
condiciones para volver a ser potencia. “Mientras en el comercio internacional
sigan primando las commodities
energéticas, no tendrá problemas en recrear una nueva-guerra fría”, asegura
Chiani. En junio, el presidente ruso Vladimir Putin se reunió con su par chino,
Hu Jintao, para intensificar una relación bilateral que contrarresta la
influencia de Estados Unidos. En septiembre repitieron el gesto y acordaron
rechazar las políticas que los occidentales proponen para Siria y sus
conflictos civiles.
Con otros fundamentos, Irán
también busca aliados. “Las divisiones internas y el aislamiento internacional
del gobierno de Mammud Ahmadinejad, empujaron a Irán a buscar alianzas con las
potencias de la región. Rusia y China necesitan de Irán para contener el
expansionismo norteamericano en Medio Oriente, y el país islámico necesita de
ellos para romper su confinamiento”, observa la analista internacional. “En un
futuro, la reconfiguración mundial podría definirse de esta forma, con una
carrera armamentística en dos frentes”.
Para la especialista, la negativa
oriental a la presencia de Estados Unidos y sus aliados en aquel costado del
mundo, supera el plano de la economía. La cuestión de Afganistán les sirve de
ejemplo. “Los supuestos objetivos de la intervención, la lucha contra el
terrorismo y en paralelo la construcción de un estado democrático, nunca
coincidieron y tampoco se lograron. Luego de miles y miles de muertes, el balance
de la incursión y la ocupación que se mantiene en ese territorio desde el 2001
es nefasto y predecible”.
Los países de la OTAN
(Organización del Tratado del Atlántico Norte) apresuran su retirada de Asia
Central. Obama prometió sacar a todos sus soldados de Afganistán en forma
progresiva hacia el 2014, aunque la extrema derecha no lo comparta. En cambio,
en una de sus primeras decisiones como presidente de Francia, Francois Hollande
aseguró que retiraría sus tropas antes del 2013. Esta diferencia hizo ruido en
la Casa Blanca, ya que evidenció que Europa está mucho más pendiente de sus
problemas que de apuntalar la decadente política exterior norteamericana. En
este sentido, la experta opina que “las condiciones para que Afganistán consiga
un ejército local capaz de defender un gobierno propio y continuar la lucha
contra los talibanes, como pretende Washington, no están dadas”.
ESTE ES UN TRABAJO REALIZADO PARA LA REVISTA "OSVALDO"
TEA 2012


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